El delito de bigamia

El delito de bigamia en Palma de Mallorca

El delito de contracción de segundo o ulterior matrimonio, con conocimiento de la subsistencia legal de otro anterior, presenta una evidente proximidad al delito de usurpación del estado civil, previsto y penado en el artículo 401.

Mientras que este último delito consiste en la usurpación del estado civil de otro, el delito del artículo 217 implica generar un estado civil aparente, ya que en realidad, subsistente un matrimonio anterior, legalmente es nulo el segundo o ulterior.

De los matrimonios ilegales

Artículo 217

El que contrajere segundo o ulterior matrimonio, a sabiendas de que subsiste legalmente el anterior, será castigado con la pena de prisión de seis meses a un año.

El cónyuge aparente de quien contrae segundo o ulterior matrimonio puede ser que desconozca esta circunstancia, pero el delito se consuma aunque tenga conocimiento (incluso, puede ser cómplice de aquel, por ejemplo, en los denominados matrimonios de conveniencia), por lo cual se tiene que descartar que sea, necesariamente, su víctima.

Por otra parte, y en relación con esta consumación, hay que decir que el delito se hace con la mera contracción del matrimonio, siempre que esta sea idónea para afectar a la fe pública, sin necesidad, por lo tanto, de ninguna afección de las relaciones familiares, ni de las precedentes ni de otras, nacidas o de previsible nacimiento. Así, en cuanto a las precedentes, si el autor del delito deja de incumplir sus obligaciones familiares (por ejemplo, deja de cumplir los deberes legales inherentes a la patria potestad), se produce un concurso delictivo, en este caso con el delito del artículo 226, que concurre con el de contracción de segundas o ulteriores nupcias.

En la Sentencia de 31 de enero de 1986, el Tribunal Supremo consideró que el denominado delito de bigamia, tipificado entonces en el artículo 471 del Código penal, representaba un ataque frontal a la institución familiar, y también afirmaba, sin embargo, que la persona unida por el anterior matrimonio con el bígamo se tiene que considerar perjudicada por su acción:

«[…] tanto moralmente como, de ordinario, en un orden material, puesto que la reprobable conducta irá unida a desatenciones y al incumplimiento de deberes familiares de asistencia. Pero, entre las personas afectadas, y seguramente en un grado más acentuado que la primera, debe figurar igualmente el contrayente de buena fe del matrimonio posterior, en el cual no será difícil comprobar el origen de consecuencias dañosas, junto con las humillantes y vejatorias derivadas de la situación expuesta, después del descubrimiento de la inexistencia y total falta de efectos de un aparente matrimonio, en que se dan cita el engaño, el fingimiento, el fraude y la burla».

En definitiva, según el parecer del Tribunal Supremo, cuya doctrina no se puede considerar rectificada, tanto porque no existen resoluciones en otro sentido y nuestros tribunales continúan citando recientemente dicha Sentencia de 31 de enero de 1986, como porque se afirma mucho más recientemente en otras figuras delictivas, como el delito de violencia doméstica, que es la familia o, más concretamente, la paz familiar, el bien protegido, lo más destacado del delito de bigamia no es su naturaleza falsaria, sino que la verdadera víctima y sujeto pasivo del delito es la persona con la cual el bígamo mantiene su anterior vínculo matrimonial, y también se configura como víctima y sujeto pasivo del delito el nuevo contrayente si desconoce esa circunstancia. A la primera la lesiona en sentido moral, pero también, ordinariamente, según se afirma, en un orden material, puesto que se producen desatenciones e incumplimiento de deberes familiares de asistencia, mientras que a la segunda, siempre que desconozca la existencia del vínculo matrimonial precedente del cónyuge, la lesiona en su integridad moral, ya que, al lado de otras consecuencias dañosas que «no será difícil comprobar», se produce una humillación y vejación cuando descubre la inexistencia y total falta de efectos de un matrimonio que solo fue aparente.

Como se ha indicado, el delito presenta una innegable naturaleza falsaria, sin que haya que considerar sujetos pasivos del delito ni al anterior ni al aparente nuevo cónyuge. El vínculo de aquel subsiste y el incumplimiento de cualesquier obligaciones matrimoniales, en relación con el cónyuge o con los hijos, tendrá su respuesta civil o penal. El segundo matrimonio, por el contrario, no tiene efectos, e incluso el nuevo contrayente puede participar en la comisión de la infracción penal como cooperador necesario. Este simple hecho impide configurar la infracción, desde un punto de vista estructural, como una lesión de bienes jurídicos del nuevo cónyuge aparente, el cual, sin embargo, si desconoce la existencia de precedente vínculo matrimonial, indudablemente se ve afectado, pero no en el sentido de configurarse como el sujeto pasivo del delito. Sin duda, puede haber una respuesta civil a los perjuicios sufridos y también es imaginable una respuesta penal en algunos casos (estafa, abandono de familia, etc.).

Tipo objetivo

El tipo exige, como presupuesto para la comisión de este delito, la subsistencia legal del matrimonio anterior. La existencia de un vínculo matrimonial precedente impide, en efecto, como establece el artículo 46 del Código civil, contraer matrimonio, y el segundo, como ya hemos indicado, resulta nulo de pleno derecho. No obstante, de acuerdo con lo que dispone el artículo 79 del Código civil, la declaración de nulidad del matrimonio no invalida los efectos ya producidos respecto de los hijos y del contrayente o contrayentes de buena fe, la cual, como indica el precepto, se presume.

El comportamiento típico consiste en contraer un segundo o ulterior matrimonio

Un mismo sujeto puede cometer este delito, por lo tanto, sucesivamente: cuando contrae, subsistiendo uno anterior, un segundo matrimonio y, por supuesto, siempre que concurra ese presupuesto, un tercer o cuarto matrimonio. Sin embargo, como ya se ha advertido, tiene que quedar claro que solo un matrimonio precedente legalmente válido permite fundamentar el presupuesto sobre el cual se construye la conducta típica.

El delito se consuma, según lo que se ha apuntado, con la simple celebración del segundo o ulterior matrimonio. Esta consumación se adjetiva como instantánea, si bien el delito se caracteriza como de efectos permanentes, puesto que se mantiene una situación antijurídica.

Tipo subjetivo

La doctrina suele afirmar que el delito de bigamia solo se puede cometer mediante dolo directo, y se subraya la exigencia típica de que la contracción de un segundo o ulterior matrimonio se haga «sabiendo» que subsiste legalmente el anterior. Esta conclusión, sin embargo, no resulta obligada. Ciertamente, la expresión sabiéndolo ha sido considerada habitualmente como un límite al castigo de conductas ejecutadas con dolo eventual, puesto que parece exigir que el comportamiento típico se lleve a cabo con dolo directo, ya sea de primer o segundo grado.

Aunque el Código penal no define el concepto de dolo, este contiene una indudable exigencia de conocimiento, por lo que afirmar la realización de cualquier tipo penal doloso implica ejecutar el comportamiento objetivamente típico «con conocimiento de sus elementos» o «sabiéndolo», a pesar de que este conocimiento o sabiduría solo puedan ser adjetivados como dolo eventual.

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