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La creciente concienciación social sobre el problema del acoso sexual tuvo su expresión legislativa en 1995, cuando se tipificó por primera vez en nuestro país el delito de acoso sexual como figura autónoma.

La figura del acoso sexual se introdujo en nuestro ordenamiento laboral mediante la Ley 3/1989, de 3 de marzo (RCL 1989/05), sobre Maternidad e Igualdad de Trato de la Mujer Trabajadora, que incorpor√≥ al art√≠culo 4.2.e del Estatuto de los trabajadores el inciso ¬ęincluyendo la protecci√≥n ante ofensas verbales o f√≠sicas de naturaleza sexual¬Ľ, en la relaci√≥n de trabajo.

Esta tutela laboral, que se concretaba, y se concreta, en la posibilidad de sancionar disciplinariamente al perseguidor con el despido u otra sanci√≥n (se configura como falta muy grave o grave, seg√ļn los respectivos convenios), o la utilizaci√≥n del procedimiento que prev√© el art√≠culo 174 de la LPL para la tutela de derechos fundamentales, se consider√≥ insuficiente por parte de amplios sectores sociales.

El legislador de 1995 tipific√≥ exclusivamente una determinada clase de acoso sexual, precisamente el m√°s vinculado a la tutela de la libertad sexual en sentido estricto, de manera coherente con la ubicaci√≥n sistem√°tica del precepto: el que se conoce habitualmente en la doctrina cient√≠fica como ¬ęchantaje sexual, en que la persecuci√≥n asume la estructura¬Ľ t√≠pica del quid pro quo. Lo que se produce, en definitiva, cuando el trabajador es requerido sexualmente, expl√≠cita o impl√≠citamente, por el empresario o un superior jer√°rquico, con la promesa de experimentar una mejora, o la amenaza de sufrir un da√Īo, en sus condiciones y expectativas laborales, seg√ļn acepte o no el requerimiento formulado.

Sin limitarse a las relaciones laborales, sino incluyendo tambi√©n relaciones docentes y de naturaleza an√°loga a estas √ļltimas, el art√≠culo 184 resultante del CP de 1995 se estructuraba de esta manera sobre la base de los elementos siguientes:

1) Solicitud de favor sexual para sí o para un tercero.

2) Prevalencia de situación de superioridad.

3) Anuncio expreso o t√°cito de que proferir√° un da√Īo a la v√≠ctima, relacionado con las leg√≠timas expectativas que pueda alojar en el contexto de relaci√≥n mencionado.

La Reforma de 1999 procuró una aproximación casi completa del concepto penal de acoso sexual con la definición usualmente asumida, que no es otra que la que figura en la recomendación de 1991 de la Comisión Europea, relativa a la protección de la dignidad de la mujer y del hombre en el trabajo y el correspondiente código de conducta sobre medidas para combatir el acoso sexual. De acuerdo con esto, el legislador de 1999 estructuró el acoso sexual partiendo, en primer lugar, de un tipo básico definido como la solicitud de favores en el ámbito de una relación laboral, docente o de prestación de servicios, continuada o habitual, siempre que este comportamiento provoque en la víctima una situación objetiva y gravemente intimidatoria, hostil o humillante. A su vez, el legislador configura dos tipos cualificados:

a) El primero, cuando esta conducta se haga con abuso de superioridad o alternativamente bajo amenaza, expresa o t√°cita de causar a la v√≠ctima un da√Īo relacionado con las leg√≠timas expectativas que aquella pueda tener en el √°mbito de la relaci√≥n indicada.

b) El segundo, cuando la víctima sea especialmente vulnerable por razón de edad, enfermedad o situación.

El tipo b√°sico de acoso sexual

El tipo, a diferencia de la redacción anterior, configura de esta manera un delito de resultado: no es suficiente con la mera solicitud si esta no provoca la situación objetiva intimidatoria hostil o humillante.

Tambi√©n, a diferencia de la redacci√≥n anterior, se trata de un delito com√ļn, en cuanto al hecho de que no aparece recortada la esfera de potenciales sujetos activos de este, no solamente desde el punto de vista del sexo, sino tampoco desde la posici√≥n que ocupan en la mencionada relaci√≥n laboral, docente o de prestaci√≥n de servicios.

El tenor del precepto no limita las eventuales v√≠as o canales de expresi√≥n de la solicitud mencionada, por lo cual esta puede ser por escrito, verbal o, incluso, gestual. Adem√°s, la ley no especifica tampoco, m√°s all√° de la gen√©rica alusi√≥n a ¬ęfavor sexual¬Ľ, cu√°l tiene que ser el contenido concreto de lo que se solicita, que puede consistir en cualquier clase de conducta de mayor o menor intensidad sexual. Los dos factores de indeterminaci√≥n obligan, con todo, y haciendo honor al principio de seguridad jur√≠dica, a la delimitaci√≥n del √°mbito de incriminaci√≥n por medio del principio de insignificancia de las solicitudes relevantes t√≠picamente.

Estas tendr√°n que ser serias e inequ√≠vocas. Adem√°s, una interpretaci√≥n sistem√°tica obliga a continuar entendiendo el delito mencionado como de tendencia interna intensificada, en el cual la solicitud sexual responda plenamente al √°nimo l√ļbrico del sujeto, cosa que permite excluir solicitudes o insinuaciones de escasa intensidad que puedan responder a un √°nimo jocoso propio de relaciones de confianza o amistad en el terreno laboral. El reproche moral que puedan merecer estas conductas no se tiene que confundir con el espec√≠fico y agravado reproche penal.

Para evitar una subjetivizaci√≥n excesiva seg√ļn la sensibilidad de la v√≠ctima, el legislador ha adosado la exigencia de que la solicitud mencionada genere una situaci√≥n que pueda ser calificada objetivamente (y no solamente subjetivamente) de hostil, humillante o intimidatoria, cuesti√≥n que se analizar√° m√°s adelante, hecho que permite excluir otras clases de persecuci√≥n en las que no se pueda inferir esta pretensi√≥n al autor, es decir, comentarios, chistes, indirectas, sarcasmos, etc.

En cuanto al contenido propio de la solicitud, aquí hay dos interpretaciones de lo que se ha de entender como favor sexual:

1) Una primera interpretación restrictiva podría postular la univocidad del concepto de conducta sexual connatural en todos los delitos contra la libertad sexual.

M√°s all√° de esto, cualquier otra conducta, aunque tenga connotaciones sexuales evidentes, quedar√≠a extramuros del tipo: se tratar√≠a, en definitiva, de configurar el delito de acoso sexual como un supuesto espec√≠fico de tentativa de abuso sexual, con las matizaciones que despu√©s se efectuar√°n. As√≠, solicitar a la v√≠ctima la exhibici√≥n de partes √≠ntimas de su cuerpo o ropa interior, por ejemplo, no constituir√≠a, seg√ļn esta l√≠nea interpretativa, ning√ļn delito de acoso sexual. Lo mismo se podr√≠a decir de la solicitud de conductas de voyerismo, como solicitar que la v√≠ctima presencie los √≥rganos sexuales del perseguidor o sus pr√°cticas masturbatorias.

2) Una segunda interpretación ampliadora de lo que se ha de entender por favor sexual podría apelar a motivos textuales y sistemáticos para desvincularse del concepto de conducta sexual, entendida como tocamiento libidinoso, presente en los delitos de abuso y agresión sexual. En efecto, la expresión favores de naturaleza sexual parece en principio permitir una interpretación ampliadora, y también la ubicación de este delito en un capítulo específico avalaría su autonomía respecto de las restantes figuras delictivas descritas anteriormente.

La nueva configuración del delito de persecución impide probablemente una interpretación restrictiva, puesto que se ha adosado el requisito de la provocación de una situación gravemente hostil, humillante o intimidatoria, desvinculada además de las relaciones de poder, con lo cual el delito adquiere una autonomía sistemática por el hecho de ser ajeno, ya estructuralmente, a los abusos sexuales de prevalencia en fase de tentativa.

El contexto en que se tienen que producir estas solicitudes se debe poder calificar de laboral, docente o de prestación de servicios. Desaparece así la previsión de situaciones análogas prevista en la relación anterior, de forma que, como no se encuentra constituida ninguna relación laboral o de prestación de servicios, ni siquiera en sentido material, estas conductas, como máximo y dada la vulnerabilidad de la víctima, pueden nutrir en determinados casos el abuso sexual de prevalencia, en fase de tentativa o consumado si ha sido el caso.

La situaci√≥n objetiva y gravemente intimidadora, hostil o humillante. Esta situaci√≥n constituye un requisito a√Īadido a la pura solicitud de favor sexual, que tiende a limitar el radio de aplicaci√≥n del precepto. Como el tipo b√°sico no exige abuso de superioridad o peligro para expectativas laborales o docentes, en este elemento t√≠pico descansa b√°sicamente la determinaci√≥n de lo que es punible en este √°mbito. Obviamente, su objetivaci√≥n depender√° de las caracter√≠sticas, forma y maneras de la solicitud sexual, y tambi√©n de la prevalencia

mayor o menor del solicitante. Como se trata de conductas de persecuci√≥n ¬ęhorizontal¬Ľ, en las que no intervienen ni expectativas laborales ni situaciones de prevalencia de posici√≥n, habr√° que exigir, de mayor manera, adem√°s del com√ļn rechazo inequ√≠voco de la persona receptora, una actitud persistente y agobiante por parte del solicitante una vez conocida la negativa del receptor, porque probablemente solo esto generar√° una ¬ęsituaci√≥n¬Ľ, en definitiva un ¬ęestado¬Ľ, que se pueda calificar de objetiva y gravemente intimidador, hostil o humillante.

El tipo cualificado del n√ļmero 2 del art√≠culo 184 CP

El acoso sexual se agrava cuando el sujeto comete el hecho con prevalencia de situaci√≥n de superioridad laboral, docente o jer√°rquica, o con el anuncio expreso de represalias (causar en la v√≠ctima un da√Īo relacionado con las leg√≠timas expectativas que tenga). Pinchando aqu√≠ puede leer m√°s sobre el acoso laboral.

Se configura así un tipo cualificado de persecución sobre la base de dos hipótesis en formulación alternativa, y no acumulativa.

  • As√≠, la hip√≥tesis agravada permite desvincular la relaci√≥n de poder de la frustraci√≥n de las expectativas leg√≠timas que tenga la v√≠ctima en el √°mbito laboral, docente o de prestaci√≥n de servicios, √ļnico tipo agravado que hab√≠a antes de 1999. Normalmente, el abuso de poder lleva su amenaza t√°cita de la mencionada frustraci√≥n, o al menos as√≠ puede percibirlo la v√≠ctima, que vive esta situaci√≥n como una cosa que se ha convertido en una de las ¬ęcondiciones del trabajo¬Ľ. Pero la t√©cnica adoptada permite, por un lado, liberar problemas probatorios al juez: es suficiente con probar una relaci√≥n de superioridad y el abuso de esta para aplicar el tipo cualificado, sin que haya que acreditar, adem√°s, el anuncio expreso o t√°cito de procurar los perjuicios mencionados.
  • Por otra parte, y en ausencia de una relaci√≥n de superioridad objetiva, es suficiente con acreditar la capacidad para la causaci√≥n objetiva del da√Īo con que se amenaza, para que se considere satisfecho el tipo agravado.
    El inconveniente principal que plantea la determinaci√≥n de este requisito radica, sin duda, en la ¬ęlegitimidad¬Ľ de la expectativa que se amenaza frustrar. Es un elemento t√≠pico que, l√≥gicamente, tiene que ser probado por la parte acusadora para entender satisfecho el delito.

Víctima especialmente vulnerable

El n√ļmero tres del art√≠culo 184 CP dispone que se trate de supuestos de especial vulnerabilidad, dada la juventud de la v√≠ctima (en este contexto, ser√≠an improbables situaciones de m√°s edad), edad o situaci√≥n, sin excluir en este

supuesto la situaci√≥n de precariedad laboral cuando se adosen circunstancias a√Īadidas (precariedad econ√≥mica, necesidades familiares que hay que atender, etc.). En todo caso, tienen que ser conocidas por el perseguidor, y ha de abusar de ello como elemento decisivo de su il√≠cita estrategia ¬ęseductora¬Ľ.

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